Era viernes, 30 de abril. Un día
normal y corriente, como
todos. Estábamos en clase jugando al
cálculo mental
exprés, porque era última hora.
Quedaban 5 minutos para
salir cuando David nos dijo:
¿Queréis que nos quedemos hasta
y cuarto jugando?
¿Pero cómo? - preguntó Karla -
¿No nos vamos a
quedar encerrados?
Tengo llaves de la puerta chica –
respondió David.
Pero nuestros padres se van a
preocupar – dijo
Alejandro.
Bueno, pues lo hacemos así: el
que se quiera ir que
se vaya; y el que quiera que se quede.
Dicho ésto, al sonar el cuco, unos
cuantos se fueron;
aunque la inmensa mayoría optó por
quedarse. Cuando el colegio
estuvo vacío todos se quedaron
extrañados: era raro el silencio. La
puerta de entrada rechinó y sonó un
portazo. “Quedaros todos en
vuestros sitios” dijo David. “Voy a
ver si nos hemos quedado
encerrados”. Los pasos del maestro se
alejaron en dirección al porche;
pero no regresaron. Transcurridos dos
minutos María Tinedo dijo:
Parece que el profe tarda. ¿Voy a
ver si pasa algo?
Vamos a ver – dijo Karla.
Os va a reñir – dijo Marc.
No creo que nos riña.
María y Karla salieron al pasillo y
en él no había nadie. Pero
oyeron claramente una voz que decía:
“Hola niños. Os estoy esperando”
Pasó otro minuto. María y Karla
tampoco regresaban. Los demás
empezaron a asustarse. “Vamos a
investigar” dijo A. Manuel “Pero
tenemos que ir todos, a ver si va a
pasar algo”.
Dicho ésto casi toda la clase fue a
mirar. Rihab se quedó en clase
con Carmen y con S. Pozo. Y eso fue lo
peor que pudieron hacer.
La luz de la pizarra digital parpadeó,
se apagó y luego volvió a
encenderse. La pantalla estaba en
blanco, y en medio de ella...
Los tres salieron corriendo haciendo
aspavientos. Pero no pudieron
irse, ya que las puertas se cerraron.
¿A dónde vais, pequeños? De
aquí no se sale sin mi permiso.
¡Vamos a tirar la puerta! - gritó
Sergio.
Pero nada más tocarla la puerta les
dio una fuerte descarga
eléctrica.
Acto seguido el Yaminlle comenzó a
sacar su gelatinoso y oscuro
brazo de la pizarra. Luego la pierna
derecha; y después se dejó caer a
cuatro patas, como una bestia surgida
de una pesadilla. Empezó a
acercarse lentamente a los niños.
“¡¡¡¡ARRHGGGGGG!!!”
Mientras tanto el otro grupo avanzaba
por los pasillos.
Se asomaron a la clase de 4º B. Las
mesas estaban descolocadas;
Y el suelo estaba lleno de cucarachas.
-¡Qué asco! ¡Una invasión de
cucarachas! ¡Rápido, cerrad la puerta!
Siguieron avanzando. Se asomaron al
salón de actos. Allí se
encontraron el escenario cubierto de
babas; y flotando en ellas
los zapatos del maestro.
Los niños se acercaron. Dentro de los
zapatos estaba el móvil del
maestro, que reproducía un audio sin
cesar:
“Hola, niños. Os estoy esperando”
¡Quién anda ahí! - gritó Hugo.
Es una grabación que se repite en
bucle – dijo Antonio
Manuel - Y mirad: en las escaleras hay
huevos negros. Y
huelen a vinagre.
Hummm. Huevos en vinagre.
De repente los niños oyeron un grito.
“Parece Sergio Pozo”
Mientras tanto en la clase el Yaminlle
se había abalanzado sobre
Sergio, Carmen y Rihab. Había
intentado comérselos; pero como
el Yaminlle era gelatinoso se la habían
salido por el trasero.
Uff, qué asco, por favor – dijo
Rihab.
Pfff, da mucha cosa – soltó
Carmen.
Voy a la papelera a vomitar.
Pues si no puedo comeros os meto
en un saco.
Dicho ésto el monstruo empezó a
fabricar una bolsa de seda
con unas glándulas que tenía en la
punta de sus dedos. Luego
metió a los tres de clase en ella y se
los llevó, escapando de nuevo
por la pizarra.
Mientras tanto el otro grupo de niños
llegó corriendo. No había ni
rastro de S. Pozo, Rihab y Carmen. Solo
un reguero de babas que se
perdía en la pizarra.
Se los han llevado, como a David.
¿Quién?
Venid y sentaos. Tengo que
contaros algo. Esta mañana he
estado leyendo un libro sobre el
antiguo Egipto. En él decía
que en el infierno de Seth había un
monstruo llamado
“Yaminlle”. Un monstruo cuyo
nombre no puede pronunciarse.
¿Y por qué?
Porque si lo dices en voz alta una
sola vez, le invocas.
¡Lo acabas de decir!
Y también lo dije esta mañana,
contándole a mi madre lo que
estaba leyendo. Pero no pensé que...
Bueno, bueno. El caso es
que lo he leído.
¿Y no tiene ningún punto débil?
Leí unos cuantos: la arena le
hace desaparecer, al menos
momentáneamente; el agua le debilita;
y la risa verdadera le
manda de vuelta al infierno.
Bueno, pues ya tenemos un plan. Lo
primero es atraerle a los
baños, donde tenemos agua en
abundancia para tenerle bajo
control. Y una vez que esté
debilitado, ya haremos lo que sea
para reírnos. No sé, algunos
chistes, o algo. Yo me sé uno:
era un niño que llega a casa y dice a
su padre: “papá, papá.
Te están robando el coche”. Y dice
el padre: “¿Sabes quién
es?” “No, no; pero le he hecho una
foto a la matrícula, papá”.
Ale, pues ya está. Manos a la
obra.
Empezaron a buscar al Yaminlle por toda
la escuela. Miraron en
todas las clases, pero no aparecía.
Solamente babas por todas las
pizarras digitales, enchufes y
dispositivos conectados a internet.
“Oye, Manuel. ¿Y si dices muchas
veces Yaminlle? Así nos
evitaríamos seguir buscando, y le
atraeríamos al lugar que queramos” “Ok”.
Los niños se fueron todos al baño, y
se pusieron a decir Yaminlle,
mientras Alejandro se preparaba en el
lavabo para mojar al bicho
cuando apareciera. “Yaminlle”
“Yaminlle” “Yaminlle” “Yaminlle”.
La luz parpadeó; el suelo tembló; y
de unos cables sueltos que
había en el techo una cascada de babas
cayó. “¡¡¡El Yaminlle!!!”
Unos cuantos salieron corriendo y
gritando despavoridos.
Alejandro cambió de grifo y lo abrió.
Salió un chorrazo de agua que
impactó en el pecho del monstruo.
“Arggghhhh. Odio el agua. Malditos enanos”
Los pocos que allí quedaban se rieron,
y casi se mean de la risa. Esto hizo que el
Yaminlle se desvaneciera en una nube de
mocos, volviendo al infierno de Seth.
En medio del charco de babas
aparecieron Rihab, Sergio Pozo y Carmen.
Mientras tanto, en una galaxia muy muy
lejana, Karla y María Tinedo viajaban
hacia el planeta de las arañas...